¿Qué es?

Es una inflamación  cualquiera del hígado. La causa puede ser infecciones (virus, bacterias), alcohol, medicamentos, drogas, enfermedades hereditarias (depósitos anormales de hierro, cobre) y enfermedades autoinmunes

 ¿Cómo se adquiere?

Existen distintos tipos de hepatitis y la causa difiere según el tipo:

  • Hepatitis viral A: vía orofecal (ano-mano-boca), es decir, heces de pacientes contaminan el agua de consumo y los alimentos cuando las condiciones sanitarias se hallan insatisfactorias.
  • Hepatitis viral B: las relaciones sexuales y la inyección de drogas ilícitas son las principales preocupaciones actuales. La adquisición por transfusión de sangre y derivados ha dejado de ser el principal motivo, desde la implantación de los rigurosos cuidados vigentes en los bancos de sangre y la extinción de pago a los donantes. El bebé puede adquirir una hepatitis en el momento del parto si la madre tiene el virus.
  • Hepatitis viral C: la transfusión de sangre y derivados, la inyección de drogas ilícitas, el contacto sin protección con la sangre o secreciones contaminadas, son las principales vías. Ocurren casos de transmisión madre-bebé en la hora del parto. Se sospecha de la vía sexual y de la esnifada de drogas para explicar una parte de los 20 a 30% de casos en los cuales no se conoce la forma de contaminación.
  • Hepatitis viral D: es un virus que sólo causa enfermedad en la presencia del virus de hepatitis B. Su vía de transmisión es la misma del virus B.
  • Hepatitis viral E:  al igual que la hepatitis A – orofecal. Es más descrita en lugares subdesarrollados tras las temporadas de inundaciones.
  • Alcohol: el uso abusivo de cualquier tipo de bebida alcohólica. La cantidad que causa enfermedad hepática es variable para cada individuo, y es necesario, en promedio, una menor dosis para afectar a las mujeres que los hombres. La dosis de alto riesgo es de 80g de alcohol al día, lo que equivale a 5-8 dosis de güisqui (240 ml), poco menos de 1 botella  y media de vino (800 ml) o 2 litros de cerveza. Cuanto más largo sea el plazo de ingestión (años), más largo será el riesgo de hepatitis alcohólica y cirrosis. Algunas personas pueden quedarse enfermas incluso con dosis y plazos más cortos que el susodicho promedio.
  • Medicamentos: distintos medicamentos de uso clínico pueden causar hepatitis en individuos propensos. No se puede prever quiénes tendrán hepatitis por determinada droga, sin embargo, los individuos que ya padecen otras formas de enfermedad del hígado corren mayor riesgo. A continuación, algunos medicamentos relacionados con hepatitis: paracetamol ; antibióticos y antifúngicos tales como la eritromicina, tetraciclina, sulfas, cetoconazol y nitrofurantoina; esteroides anabolizantes (hormonas usadas para mejorar el desempeño físico-dopaje);drogas antipsicóticas y calmantes como, por ejemplo, la clorpromazina (antiarrítmico), metildopa y antituberculosos. Anticonceptivos orales (píldora) también son, ocasionalmente, mencionados.
  • Autoinmune: Algunas enfermedades hacen que las sustancias de defensa del propio individuo (anticuerpos) ocasionen inflamación y daño al hígado. Todavía no se sabe porque ocurre eso.
  • Hepatitis por causas hereditarias: enfermedades como la hemocromatosis y la enfermedad de Wilson llevan a la acumulación de hierro y cobre, respectivamente, en el hígado, causando la hepatitis.
  • Esteatohepatitis no alcohólica (esteatosis hepática, hígado graso): es la acumulación de grasa en el hígado. Ocurre en distintas situaciones independientes del consumo de alcohol, como obesidad, desnutrición, nutrición por vía endovenosa prolongada, diabetes mellitus, alteraciones de las grasas sanguíneas (colesterol o triglicéridos elevados)  y algunos medicamentos.

 

¿Qué se siente y cómo se desarrolla?

En el caso de las hepatitis infecciosas, hay un periodo sin síntomas, llamado incubación. La duración de esta fase depende del agente causante. Posteriormente, aparecen síntomas semejantes, por ejemplo, una gripe con fiebre, dolores articulares  y de cabeza, náuseas (mareo), vómitos, falta de apetito y fuerzas. Es común que la mejora de esas quejas generales dé lugar al aparecimiento de los síntomas típicos de la enfermedad, los cuales son el color amarillento de la piel y mucosas (ictericia), orina oscura (color coca-cola)) y heces claras. Se puede notar el aumento de tamaño del hígado, que duele cunado se palpa la región a bajo de las costillas del lado derecho. La duración de esta fase varía de 1 hasta 4 meses.

De manera general, la hepatitis A suele tener evolución benigna, no dejando secuelas.

La hepatitis B se vuelve crónica  en hasta el 5% de los casos y la hepatitis C en más del 80%.

De los individuos con hepatitis B crónica, el 25 a 40% evolucionan hacia cirrosis y/o cáncer de hígado, mientras que en la hepatitis crónica C eso ocurre en cerca del 20%.

La hepatitis D hace empeorar la evolución de la hepatitis B por asociarse a formas fatales.

La hepatitis E, por lo general, es benigna, excepto en la mujer embarazada,  quiénes tienen mayor riesgo de formas graves, causando la muerte maternal y fetal.

La hepatitis alcohólica, así como las medicamentosas y autoinmunes, puede evolucionar hacia la cronicidad y cirrosis si la exposición al agente causante persiste.

La hemocromatosis puede evolucionar, a lo largo de los años, hacia la cirrosis y el cáncer de hígado. La enfermedad de Wilson, si no se la trata, puede evolucionar hacia la cirrosis, deterioro cerebral y muerte.

¿Cómo hace el médico el diagnóstico?

Además del historial y del examen clínico, el médico puede poner a prueba a su hipótesis diagnóstica de hepatitis, principalmente a través de pruebas de sangre. Entre ellos, se hallan los llamados marcadores de hepatitis virales y autoinmunes.

Otras pruebas muestran la fase y gravedad de la enfermedad. En algunos casos, se podrá requerir una biopsia hepática (retirada de un pequeño fragmento del hígado con una aguja) para que se pueda descubrir su causa al microscopio.

¿Cómo se trata?

Para las hepatitis agudas causadas por virus no hay tratamiento específico, excepto los pocos casos de hepatitis C descubiertos en la fase aguda, en la cual el tratamiento específico puede prevenir la evolución hacia la enfermedad crónica.

En las hepatitis, el  reposo absoluto prolongado  y la restricción de ciertos tipos de alimentos, no ayudan en la recuperación del enfermo y también no disminuyen la gravedad de la enfermedad.

De manera general, se recomienda reposo relativo según la capacidad y bienestar del paciente, así como alimentación  de acuerdo con la tolerancia.

Excepcionalmente, se requiere la administración de líquidos por vía endovenosa.

Bebidas alcohólicas son prohibidas hasta algún tiempo tras la normalización de las pruebas de sangre.

Se deben usar medicamentos sólo con específica liberación del médico para evitarse el uso de aquellos que puedan empeorar la hepatitis.

En la hepatitis autoinmune, cuando diagnosticado por el médico, el uso de corticoides (derivados de la cortisona) son indicados y modifican favorablemente el curso de la enfermedad.

La hepatitis por alcohol y por derogas son tratadas, básicamente, con el alejamiento de las sustancias lesivas. Además, a través de medidas de apoyo, como hidratación, nutrición y combate a los síntomas de la abstinencia del alcohol o drogas.

Cuando la enfermedad es por acumulación de hierro o cobre, se hace una dieta pobre en estos minerales. Los tratamientos principales son las flebotomía (extracción de sangre) programadas para la hemocromatosis, y la penicilamina para la enfermedad de Wilson .

¿Cómo se previene?

Se puede prevenir la hepatitis A y  la hepatitis B por medio de vacunación.

Para la prevención de la hepatitis A es importante el uso de agua tratada o hervida, además de seguir las recomendaciones en cuanto a la prohibición de baños en sitios con agua contaminada y el uso de desinfectantes en piscinas.

Se puede prevenir la hepatitis B al igual que el SIDA, es decir, por medio de preservativo en las relaciones sexuales , además de no tener contacto con la sangre o secreciones de personas contaminadas (transfusiones de sangre, uso de agujas y jeringas desechables no reutilizadas)

Asimismo puede prevenirse la hepatitis C de la misma manera, pero todavía no se estableció bien el riesgo de contagio.

Los profesionales del área de la salud (médicos, enfermeros) deben usar guantes, gafas de protección y mascara siempre que haya probabilidad de contacto (o derrames) de sangre o secreciones contaminadas con virus de la hepatitis B o C con mucosas o con lesiones de la piel.

La hepatitis alcohólica ocurre por la ingestión repetitiva de grandes cantidades de bebida, siendo el consumo moderado la mejor manera de evitarla. La cantidades lesivas son la susodichas, cabiendo destacar que en ciertas personas pequeñas dosis suelen ser suficientes para provocar la enfermedad. Personas que ‘aguantan’ mayores cantidades de alcohol antes de emborracharse, corren igual riesgo de enfermarse gravemente. Los individuos que padecen otras enfermedades hepáticas sufren más fácilmente de hepatitis alcohólica.

Hasta la fecha  no se conoce las formas de prevención de la hepatitis autoinmune.
Tampoco se sabe prever los individuos que tendrán hepatitis con el uso de ciertas medicinas que no daño a la mayoría de las personas.

Preguntas que puede Ud. Hacer a su médico:

¿Qué tipo de hepatitis tengo yo?
¿Cómo se contrae? ¿Hay riesgo para las personas que viven cerca de mí?
¿Cuánto tiempo voy a llevar para quedar bien?
¿Tiene cura esta enfermedad o voy a quedar con hepatitis crónica?
¿Es necesario el tratamiento con medicinas?
¿La medicina funciona para todas personas?
¿Cuáles son los efectos adversos (colaterales) del tratamiento?
¿Hay riesgo de contraerse cirrosis? ¿Y cáncer?
¿Existe vacuna para hepatitis?

Bookmark and Share
Tagged with →  
Share →