Hepatitis A

Ictericia, derrame de bilis.

¿Qué es?

Es una inflamación del hígado (hepatitis) causado por un virus llamado Virus de la hepatitis A (HAV.) Por su forma de transmisión esta clase de hepatitis ocurre principalmente en áreas menos desarrolladas, con malas condiciones higiénicas y carencia de saneamiento básico. En estos lugares, que incluyen la mayoría de las áreas en Brasil, esta condición es frecuente entre niños pequeños (a partir 2 a 6 años), pero, los individuos que no desarrollaran la enfermedad durante la niñez pueden adquirirla en cualquier edad.

¿Cómo la adquirimos?

Ocurre por la llamada vía fecal-oral, en la mayoría de los casos, con las heces de los pacientes contaminando el agua de consumo y los alimentos. Puede también suceder a las personas que usan las piscinas con agua mal tratada o compartiendo las toallas y sábanas contaminadas imperceptiblemente con heces, por ejemplo.

¿Cuáles son los síntomas y cómo evoluciona?

Los síntomas iniciales pueden ser variables y pueden incluir un malestar general, dolores en el cuerpo, dolor en el área abdominal superior derecha, dolor de cabeza, cansancio fácil, falta de apetito y fiebre. Después de esto, aparecen en la piel y membranas o mucosas la típica coloración amarillenta (la ictericia.) La orina se torna oscura, marrón, similar al té o a coca-cola y, a veces designada como rojiza oscura. Las heces pueden estar con color gris parduzco, como masilla de vidriero.

En algunos casos, pueden picar todas partes del cuerpo (prurito) seguido por las marcas de rasguños y no causada por lesiones anteriores de la piel. La evolución es generalmente benigna, con los síntomas disminuyendo en 2 o 3 semanas. La resolución y la curación totales ocurren en alrededor de dos meses. Durante el período curativo, una o dos recaídas de los síntomas y de las alteraciones de los exámenes pueden suceder, lo que no obstaculiza la recuperación completa del paciente.

Excepcionalmente, en menos de 1% de los casos, puede acontecer una forma fulminante, en la cual hay una pérdida rápida de la función hepática, poniendo el paciente en un gran riesgo de la vida.

No existe una forma crónica de la hepatitis A, o sea, con excepción de los pocos casos fatales asociados a la forma fulminante, el paciente se cura, sin consecuencias e inmune a las exposiciones futuras del virus. Vale mencionar que mucha gente no tiene síntomas y solamente descubre que tubo la enfermedad al hacer análisis de sangre ocasionales.

¿Cómo el médico hace el diagnóstico?

Juntando las quejas y los resultados de la investigación clínica, el médico sospecha el diagnóstico, que se confirma a través de los análisis de sangre donde las alteraciones y los anticuerpos hepáticos de la etapa aguda de la enfermedad por el virus de la hepatitis A se detectan. Algunos resultados de estas investigaciones iniciales y de su control pueden revelar una tendencia hacia un pronóstico desfavorable, con la enfermedad desarrollándose de forma fulminante.

¿Cómo se trata?

No hay medicación específica. Cuando es necesario se utiliza la medicación contra náuseas, dolor o fiebre. El reposo total no es necesario, y es responsabilidad del paciente respetar sus límites, según su tolerancia. Las restricciones alimentares no son necesarias, y el alimento puede ser normal. Algunas personas, debido a su mala condición y a las náuseas, no puede mantener la ingestión mínima de agua y alimentos, necesitando de hidratación intravenosa. Los casos raros de hepatitis fulminante A, pueden exigir un trasplante de hígado como la única manera de tratamiento.

¿Cómo previene?

El virus A se elimina a través de las heces durante el período de incubación y los primeros 10 días de la ictericia. Las heces contaminan el agua, que si no fuera tratado, puede contaminar a otros individuos cuando utilizado para lavar alimentos, utensilios o bañarse.  

Es importante por lo tanto el uso de agua tratada o hervida para propósitos alimentares además de las siguientes recomendaciones: prohibición de bañarse en áreas de agua contaminada y uso de desinfectantes en piscinas.

Los individuos expuestos al virus de la hepatitis A, en los 15 días después de la exposición, y que todavía no han demostrado ningún síntoma se pueden tratar con una inyección de anticuerpos (inmunoglobulina), en un intento por prevenir o reducir al mínimo la enfermedad.

VACUNAS.

La vacunación para la hepatitis A se recomienda para todos los niños con un año o más así como para cualquier persona que viaja a lugares donde es muy frecuente la hepatitis A, como en el norte de Brasil y los países tropicales subdesarrollados.  

Grupos de riesgo alto como los niños y adultos que viven en centros de guardería de niños, asilos o prisiones; homo o bisexual; usuarios de droga inyectable o no-inyectable y los pacientes con enfermedad hepática crónica, con SIDA o desórdenes de la coagulación, también tienen que ser vacunados. La administración de vacuna es además útil para los profesionales de salud debido al contacto potencial con pacientes o material infectados.

Los trabajadores del sector alimenticio, una vez que estén vacunados, evitan la transmisión del virus vía preparación de los alimentos.

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