Informaciones para personas que padecen de insuficiencia renal crónica, en especial, para aquellas cuya etapa de la enfermedad ha alterado su vida y que necesitan someterse al tratamiento conservador, dialítico o trasplante renal.

¿Qué es el riñón?

El riñón es un doble órgano, situado en la parte más posterior del abdomen; uno de ellos queda junto a la columna, a la derecha, justo debajo del hígado; el otro se sitúa a la izquierda, justo debajo del bazo. Cada riñón pesa cerca de 150 gramos y mide de 11 a 12 cm. 

Es un órgano extremamente vascularizado, recibiendo la cuarta parte de toda sangre que sale del corazón. La sangre que pasa por los riñones es filtrada, retirando los desechos a través de un proceso denominado filtración renal. Así que los riñones son órganos depuradores de sustancias indeseables o que estén en exceso en nuestro organismo y, por ello, deben eliminarse.

La orina producida a diario tiene un volumen de 700 a 1500 ml, y contiene sales (sodio, potasio, calcio, fósforo, amoniaco) además de otras sustancias, tales como urea, creatinina y ácido úrico. El volumen de orina aumenta o disminuye según la necesidad de eliminarse agua, evitando que falte o se acumule en el organismo. Además de eliminarse los desechos y controlar el volumen de los líquidos del organismo, los riñones producen hormonas. Entre las muchas hormonas que producen los riñones, se destacan la eritropoetina, que ajusta la producción de glóbulos rojos y previene la anemia,  y la vitamina D3 que regula la absorción del calcio en el intestino.

Enfermedades Renales

Desafortunadamente, una en cada 5.000 personas suele enfermarse de los riñones por motivos distintos.

Cuando se enferman los riñones, ellos no consiguen llevar a cabo las tareas para las cuales fueron programados, tornándose  insuficientes. Las principales enfermedades que hacen incapaces o insuficientes los riñones son las siguientes:

  • Nefritis(50%)
  • Hipertensión arterial severa
  • Infección de los riñones
  • Diabetes (25%)
  • Enfermedades hereditarias (riñón policístico)
  • Piedra en los riñones (cálculos)
  • Obstrucciones 

De las susodichas enfermedades, muchas se pueden evitar, cuando precozmente identificadas y monitoreadas por los médicos especializados en las enfermedades renales (nefrólogos), y así se prolongar la vida normal de los pacientes.

Generalmente, cuando surge una enfermedad renal, ella afecta a los dos riñones, raramente sólo un lado. Cuando la enfermedad se vuelve irreversible, en la mayoría de las veces, la pérdida de la función es lenta y progresiva. De ahí, la importancia del monitoreo y de la orientación médica, que tiene por objeto prolongar el funcionamiento adecuado de los riñones, incluso con algún grado de deficiencia.

La pérdida del 25%, 50% o hasta el 75% de las funciones renales presenta pocos problemas médicos. Sin embargo, pérdidas superiores al 75% de la función renal hacen alterar de tal modo el funcionamiento del organismo que suelen modificar la calidad de vida del paciente.

Se pueden fácilmente identificar a los problemas clínicos que la insuficiencia renal provoca en los pacientes, quienes han perdido más del 75% de la función renal:

  • Hipertensión arterial, de moderada a severa;
  • Anemia severa, que no responde al tratamiento con sulfato ferroso.
  • Edema en todo cuerpo, y aumento de peso;
  • Piel pálida (color paja);
  • Debilidad, cansancio, adelgazamiento, comezón en el cuerpo;
  • Anorexia, nauseas, vómitos y gastritis;
  • Olor desagradable en la boca (olor a orina);
  • Deterioro de la presión arterial y aborto en mujeres embarazadas;
  • Aumento del volumen y de la micción urinaria, con mayor volumen urinario nocturno.
  • La orina es siempre muy clara y del mismo color;
  • Alteraciones de las pruebas plasmáticas, urea siempre superior a 150 mg% y la creatinina mayor que 6 mg%.

 
Cuando la enfermedad avanza, destruyendo el 90% de la capacidad funcional de los riñones, los 10% restantes poco podrán hacer para mantener la salud del paciente.

En esto estadio de la enfermedad, el médico debe avisar que el tratamiento conservador sólo no tendrá más el efecto deseable y la diálisis va a sustituir el riñón irreversiblemente enfermo e incapaz de mantener la vida del paciente crónico.

¿Qué es la diálisis?

Es un proceso mecánico y artificial utilizado para purificar la sangre y quitarle las impurezas acumuladas por el organismo. Se eliminan los ‘tóxicos’ que deben salir del organismo a través de una membrana filtrante del riñón artificial o la del peritoneo (una membrana de nuestro abdomen). De esta manera, existen dos tipos de diálisis: la peritoneal, que usa el peritoneo como membrana filtrante y la hemodiálisis, que usa una membrana artificial como filtro.

Para se realizar una hemodiálisis, la sangre debe llegar hasta el filtro en gran cantidad, en volumen superior a 200 ml. Para se obtener un volumen de sangre tan grande es necesario que un cirujano vascular conecte una vena a una arteria del brazo para aumentar bastante el volumen de sangre que pasa en el vaso, volviéndole voluminoso y resistente. La fístula arteriovenosa, que se forma de esta manera, la deberá proteger y monitorear siempre el paciente para tener un largo periodo de uso. Una hemodiálisis eficiente y prolongada depende mucho de los cuidados con la fístula arteriovenosa.

Para ello, es necesario mantener el brazo limpio, sin traumatismos y infecciones. La ruptura o corte de la fístula produce una pérdida rápida e importante de sangre. Si eso ocurre fuera del sitio donde el paciente realiza la hemodiálisis, él debe aplicar un torniquete bien apretado arriba de la fístula, cubriendo el sitio con una tela limpia y acudir, inmediatamente, a un hospital preparado para atender a estas emergencias. 

En caso de cualquier otra alteración en la fístula, tal como un punto rojo, o si ocurre un aumento de temperatura  local o general, se debe notificar al médico inmediatamente.

¿Cuál el efecto de la diálisis?

Un riñón artificial tiene la misma capacidad del riñón humano. Por ello, una hora de diálisis equivale a una hora de funcionamiento del riñón normal. La diferencia es que en el tratamiento dialítico se realiza 3 sesiones de 4 horas cada una, en un total de 12 horas semanales. Un riñón normal trabaja 24 horas al día para purificar el organismo, siete días, totalizando 168 horas semanales. Así es que el tratamiento con riñón artificial deja el paciente 156 horas sin depuración (168-12=156). A pesar de estas pocas horas (12 horas semanales en promedio), ya está probado que una persona puede seguir viviendo bien con este plan de hemodiálisis.

La hemodiálisis es adecuada cuando el paciente vive en buenas condiciones:

  • Sin hipertensión (inferior a 150/90 mm/hg);
  • Sin edema y sin falta de aire;
  • Sin  aumento importante de peso entre una y otra hemodiálisis;
  • Con nivel normal de potasio (menos que 5);
  • Sin acidosis (pH de la sangre)
  • Con fósforo normal (menos que 5);
  • Con anemia discreta y sin desnutrición;
  • Con una fístula funcional

Si se satisfacen estas condiciones, se podrá seguir viviendo largo tiempo realizando hemodiálisis.

La hemodiálisis tiene sus riesgos como cualquier tipo de tratamiento, y presenta complicaciones que se deben evitar. Por ello, los médicos controlan las señales exteriores: temperatura corporal, peso, edema, presión arterial, tos, falta de aire, anemia y estado de la fístula en cada sesión de hemodiálisis. Una vez al mes se debe requerir pruebas de sangre para se comprobar como están las tasas de urea, creatinina, potasio, calcio, fósforo, ácido úrico y sodio (sal). También es importante comprobar el pH sanguíneo, la nutrición (albumina) y la anemia (hemograma).

Los cuidados Necesarios Durante el Tratamiento Dialítico

Dieta:Comer bien, sin sal y con la cantidad de agua ajustada es el gran triunfo del paciente bajo hemodiálisis. Quien eso consigue es un afortunado. Por ello, se informe con su médico lo que puede y lo que no puede comer para alcanzar mantener su estado nutricional en buenas condiciones. Usted se debe acordar que comer carne hace menos daño que agua y sal, porque el riñón artificial depura muy bien la urea. El paciente renal crónico necesita cuidar de su alimentación, principalmente, de la ingestión de calorías, proteínas, azúcares y grasas en cantidades adecuadas para evitar el adelgazamiento.

Agua: En nuestro organismo, el agua es eliminada el 90% por los riñones y el 10% por la respiración, piel y heces. Así, quien bebe agua y no orina, va a acumularla y ganar peso. ¿Qué hacer entonces? Equilibrar la entrada y la salida de agua, es decir, si la cantidad de orina es de 500 ml, el paciente sólo puede beber 500 ml de líquidos. ¡Pero atención! Los alimentos todos contienen agua. Algunos, prácticamente, sólo tienen agua, como las frutas. Otros tienen el 50% de agua cuando cocidos, tales como frijoles, arroz, legumbres, granos y pastas. Esta agua debe también estar añadida. El agua es un gran riesgo para quien no orina, pues ocasiona muchas complicaciones, y algunos pacientes pueden perder la vida por tales complicaciones. Algunas de las complicaciones por exceso de agua son: temblores, mareos, náuseas, dolores de cabeza, hipertensión, falta de aire, edema generalizado, insuficiencia cardíaca y edema pulmonar agudo. Si el enfermo renal crónico orina menos que 500 ml al día, debe quitar los vasos grandes y usar aquellos para vinos, o aún los pequeños vasos para licor. Se puede considerar las frutas como agua pura ingerida. En verano, cuando la sed es muy grande, chupar cubitos de hielo hechos de pura agua: el agua pura helada suele saciar la sed más que cualquier otro tipo de líquido. Si le gusta el agua mineral con gas también puede beberla.

Sal: es uno de los mayores enemigos del enfermo renal, por las distintas complicaciones que causa y, lógicamente, también afecta a los pacientes bajo hemodiálisis. Junto la sal y el agua producen una sed intensa, edema, falta de aire, aumento de peso, hipertensión, mareos, malestar, confusión mental, temblores, y molestias musculares. Cada persona enferma tiene un límite de sal que puede ser ingerida. Su médico le a decir cuál es la cantidad, en gramos, que puede ser ingerida al día.

nformación práctica sobre la sal: intente acostumbrarse con comida prácticamente sin sal. Para mantener el sabor, use hierbas aromáticas  o otras especias. Es necesario huir de los enlatados y carnes procesadas, tales como: salami, jamón, salchicha, chacina, sardina en lata y otros embutidos semejantes.

Proteínas: existen dos tipos de proteínas: las de origen animal (elevado valor biológico) y las de origen vegetal bajo valor biológico). Nuestro organismo utiliza y asimila mejor las proteínas animales que las vegetales, por ello, para el enfermo renal crónico es mejor ingerir proteína animal: carnes, huevos, leche, quesos. Consulte a su médico para saber cuál la cantidad diaria que puede ingerir. Las proteínas de origen vegetal, tales como almendras, maní, avena, cacao, arvejas secas, frijoles, soja y sus derivados se deben consumir con parsimonia, puesto que tienen bajo valor biológico. Tres gramos de proteínas vegetales equivalen a una de elevado valor, pero producen más urea para ser eliminarse. Los consejos dietéticos de un nutricionista siempre serán importantes y bienvenidos.

Azúcar:
Si usted no tiene problema con azúcares, y tampoco es diabético, es importante ingerir buenas cantidades de azúcares, porque ellos disminuyen la producción de urea (menor catabolismo proteico)
Grasas: como para toda alimentación sana, no se debe usar más que el 20% en grasas. El aceite de oliva es un excelente alimento, úselo en las ensaladas y alimentos para aumentar las calorías. Evita las grasas animales y frituras. 

Potasio:
se debe ingerirlo con bastante cuidado, puesto que su exceso para el enfermo renal crónico es muy riesgoso. Los alimentos más ricos en potasio son: frutas secas (uva, damasco y ciruela), almendra, maní, avellana, haba, frijoles, bacalao, cacao, castañas, chocolate en polvo, hongo, leche en polvo, lentejas secas, melaza y caramelos de caña de azúcar, germen de trigo y jarabes de compota de frutas. Las frutas, en general, contienen mucho potasio. La banana es la fruta que más contiene potasio. No se debe ingerírselas en demasía por dos motivos: nadie consigue comer poca cantidad y ellas se constituyen, en su mayoría, casi sólo de agua, lo que daña el control de potasio y de los líquidos. Si usted tiene problema de potasio elevado, estad atento para los susodichos alimentos. Si le da ganas de comer frutas, debe ingerírselas durante la sesión de hemodiálisis, puesto que el riñón artificial se encargará de eliminar el exceso de potasio.

Calcio: en nuestro organismo los huesos sostienen los músculos, protegen el cerebro de los traumatismos y almacenan el calcio y el fósforo. Los riñones normales controlan el calcio y fósforo de nuestro cuerpo, ahorrando o eliminando estas sales cuando necesario. En la insuficiencia renal, ocurre un desequilibrio de calcio y fósforo, provocando enfermedad ósea (osteodistrofía renal). Esto ocurre porque el riñón produce una hormona, la vitamina D³, que promueve la absorción del calcio en el intestino. Sin la vitamina D³, el nivel de calcio en la sangre es siempre inferior al normal (hipocalcemia). Habiendo hipocalcemia, el organismo intenta de normalizar la tasa de calcio a través de la retirada de calcio del hueso, lo que hace surgir la osteodistrofía renal. Así es que el hueso desmineralizado se presenta dolorido, fractura fácilmente y el andar puede tornarse difícil. Con la caída de calcio, el fósforo aumenta y produce comezones por todo el cuerpo, seguidas de lesiones dermatológicas. El tratamiento de la hipocalcemia se hace con la ingestión abundante de calcio, juntamente con la vitamina D³ que, además de mejorar el calcio, también regulariza el fósforo.

Fósforo: se debe ingerir con cuidado los alimentos en fósforo. Los alimentos que se deben evitar incluyen: almendra, maní, avena, bacalao y pescados salados, sardina en lata, cacao en polvo, nuez de cajú (anacardo), harina de soja, fríjol, yema de huevo, germen de trigo, leche deshidratado, chocolate, algunos tipos de queso, alimentos deshidratados o salados, en general. Si el médico le recomienda precaución con el fósforo, trate de evitar estos alimentos y solicite medicación para disminuirlo en la sangre. Es importante quitar el exceso de fósforo del organismo para evitar que, juntamente con la hipocalcemia, provoque y acentúe las lesiones óseas. Si hay exceso de fósforo en la sangre, el paciente se queja demasiado de comezón por todo el cuerpo.
Medicinas: El paciente que padece insuficiencia renal crónica siempre va a necesitar de ellas para tratar la hipertensión, anemia, hipocalcemia y hiperfosfatemia.
 
Transfusiones

Cuando la anemia es muy intensa, puede provocar síntomas tales como mareos, cansancio, falta de aire, dolor de pecho, corazón acelerado (taquicardia) y caída de presión arterial. En esto caso, la transfusión de glóbulos es necesaria. Cuanto menos transfusiones, menos serán las complicaciones, como hepatitis y sensibilización inmunológica, que pueden dificultar el trasplante futuro. Para permitir la recuperación de pacientes con anemia, evitando los síntomas, se administra la eritropoetina sintética, que mantiene la hemoglobina a niveles adecuados.

Instrucciones Generales

Con los riñones artificiales modernos y el uso de medicaciones adecuadas, el tiempo de supervivencia y la calidad de vida de los paciente renales crónicos es cada vez mejor.

Como el individuo con insuficiencia renal es potencialmente productivo, es importante guiarlo para que obtenga capacidad física para el trabajo. Los ejercicios para el sistema cardiovascular son importantes a fin de aumentar el desempeño diario.

Demás, el paciente bajo hemodiálisis debe: comparecer a todas las sesiones de diálisis; siempre realizar diálisis, como mínimo, de cuatro horas; evitar el exceso de sal, potasio, fósforo y agua; mantener la tasa de urea del plasma menor que 150 mg%, y mantener la fístula en buenas condiciones. Las mujeres deben evitar la gravidez, porque empeora el estado general de salud y el aborto es muy común.

¿Quién puede hacer un trasplante?

Los pacientes renales crónicos todos pueden someterse a un trasplante, siempre que presenten las condiciones siguientes:

Puedan aguantar una cirugía;

  • No presenten enfermedades en otros órganos, por ejemplo: cirrosis, cáncer, accidentes vasculares;
  • No tengan infección o focos activos: urinarios, dentales, tuberculosis, hongos;
  •  No presenten problemas inmunológicos acarreados por muchas transfusiones y/o múltiplos embarazos; 

Si el paciente tiene un donante vivo de su parentela, tanto mejor. Sin embargo, en todo el mundo, se incrementa el número de trasplantes de cadáver, no obstante, en algunos  países se requiere paciencia y hemodiálisis por un largo periodo, incluso años.

Mientras espera un trasplante, o mientras esté bajo tratamiento de hemodiálisis, el paciente renal crónico debe asumir algunas actitudes:

  • Mantener a sus familiares informados sobre la enfermedad renal crónica;
  • Observar y comunicar al médico cualquier desvío o complicación que hayan surgido;
  • Conocer todas las conductas a fin de evitar las complicaciones;
  • Luchar por la donación de órganos, ayudando y incentivando las campañas con esto fin.
  • Luchar para que todos tengan acceso y facilidades al tratamiento, si por desgracia llegan a enfermarse. 

un lema y una lucha: ¡No entierra a tus riñones, trasplántalos!

Preguntas que puede Ud. Hacer a su médico

¿Es segura la hemodiálisis?
¿Cuáles son las principales complicaciones de las diálisis?
¿Cuál es la mejor diálisis?
¿La lista de espera para el trasplante es para todos?
¿Puede el donante vivo sufrir daño con un solo riñón?

 

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